Un mes
Ya ha pasado casi un mes. Un mes que la tranquilidad de un país se quebraba al mismo tiempo que las paredes y el suelo lo hacían. Un mes particularmente difícil para Chile y para todos sus habitantes, incluyéndome. Un día que me marco profundamente, la “prueba de fuego” que mi padre decía que viviría alguna vez en mi vida.
Todavía tengo sentimientos encontrados cada vez que recuerdo lo que sucedió. Ver a mi madre llorando y yo tener que tragarme el dolor de verla así para ayudarla. La primera imagen de mi ciudad sin luz, con alarmas sonando en todos lados, incendios en algunos sectores, entre otros. Tener que bajar quince pisos sin saber del estado de muchas de mis mascotas, sin saber que pasaría más adelante. Estar horas abajo pensando si el edificio está bien, escuchar una radio con las primeras noticias, no del país sino de tu ciudad. Y esperar, esperar debajo de una Luna que como nunca fue una gran compañera las horas hasta que apareciera el sol. Ya en la mañana subir nuevamente, ver los destrozos e intentar aguantar ver que todo lo que fue tu hogar y tus sueños están en el suelo. Y es ahí cuando ver a tus mascotas, tan asustadas como uno, es la primera buena noticia. Tener que empezar a ver las cosas que hay que botar, poner en su lugar, una pequeña risa de saber que la lampara que uno pensaba que se iba a caer sigue ahí. Ver que muchas cosas se cayeron, muchos libros en el suelo. Y pensar lo que pudo haber ocurrido de haber dudado unos segundos.
Si una acción mostró el espíritu de la gente fue al bajar y buscar donde comprar víveres, ver que aún sin energía eléctrica y sin policía la gente se comportaba ordenadamente y el transito era casi como el de un día normal. De ahí a subir nuevamente quince pisos -una tarea que repetí por varios días-, encender el televisor que ayudaste a bajar mientras se movía el suelo y ver las primeras noticias. Y saber que, con todo, tuviste suerte porque todavía tienes un techo, todavía tienes una ciudad en donde vivir. De ahí a la espiral de situaciones durante el sábado y el domingo. Y saber que durante unos días habrá que levantar cosas, reordenar, comer lo que este disponible, subir agua, etc.
El golpe más fuerte en los primeros días fue ver a mi madre con miedo en cada replica, un miedo que nunca había visto en ella. Y tener que aguantar cada lagrima a escondidas para no hacerle más daño, porque me importaba más como se sentía ella que mi propia integridad.
Una alegría fue ver como la gente se organizo para salir a ayudar al que no conocían, y ver como la solidaridad sigue presente en el país. De ahí a “Chile ayuda a Chile”, en que aporte una pequeña cantidad de dinero. Si bien la meta se supero largamente, es una parte menor de lo que se necesita para la reconstrucción; pero es mucho más importante como un gesto de unidad y de empezar a nuevamente retomar el destino.
Empezar cada día a ver que las cosas mejoran, que a poco vuelve la normalidad. Y llega el 11 de Marzo, y una jornada espantosa. Ver en tu televisor la transmisión del mando mientras por el balcón como la gente cierra abandona tiendas y corre por el aviso de maremoto que no fue. Y pensar nuevamente en tu madre que esta abajo. Y esperarla en la casa donde estaba alojando y estar nuevamente aliviado al verla.
Ha sido un mes difícil para todos. Todavía no hemos arreglado muchas cosas en mi hogar y mucha gente todavía no tiene un techo donde cobijarse del frío invierno que viene. Pero las cosas mejoran, poco a poco pero mejoran; al menos mi madre desde el Lunes esta nuevamente en el departamento y duerme con nosotros.
Con todo lo vivido y por vivir, hay que seguir adelante. Seguir adelante y empezar a reparar muebles, pintar paredes, levantar cosas. Levantar los trozos de tus sueños y de tu alma, fundirlos nuevamente y templarlos para hacerlos más resistentes. Porque pasamos una gran prueba pero vienen muchas adelante.
Porque hay que seguir adelante.
Por uno mismo, por todos, por Chile.
Después de la oscuridad, la luz del Sol.
Recién hoy martes creo que puedo escribir algo personal después del terremoto del sábado en la madrugada sin problemas. Fueron seguramente los minutos más horribles para mí, mi familia y para gran parte sino todo el país. Momentos de angustia, de dolor y muchas veces de decisiones en el momento difíciles sin saber que iba pasar más adelante. Pero entre tanta oscuridad tanto visible como interna, volvió a amanecer y empezó el momento más difícil: Subir nuevamente a ver los daños, a empezar a ordenar las cosas, a averiguar lo que había ocurrido.
Horas después cerca del mediodía, después de unas compras volvió el suministro eléctrico y empece a ver junto a uno de mis hermanos y mi padre las primeras noticias que teníamos, principalmente de la zona más afectada, el centro-sur del país.
Ya para el domingo en la tarde, recién pude reconectar la computadora y reestablecer el acceso a Internet, para empezar a dar noticia a muchos que andaban preocupados por lo que pudo haberme ocurrido, como también saber de muchas personas. Estoy muy feliz que gran parte de los miembros de mi comunidad estén bien como sus familia; y deseo que de los que no tenemos información también se encuentren en buen estado.
Si hay algo del cuál voy a estar agradecido enormemente es de la preocupación de los otros mozilleros tanto en Chile como Rodrigo García, y de otros países, del resto de comunidades mozilleras como Lourdes Castillo de Paraguay a Sarah Doherty de Estados Unidos; y de la ayuda que hasta ahora nos han ofrecido. Tal vez no los nombre a todos, pero igual sientan un gran agradecimiento de parte mía como de mi comunidad por su apoyo.
Todavía cuando recuerdo algunas cosas de lo que ocurrió lloro un poco, como cuando veo la foto que acompaña esta entrada; pero entiendo que a pesar de ello hay que seguir adelante. Que uno después de caerse debe levantarse, seguir adelante. Que también te puedes apoyar en mucha gente, y que la solidaridad esta ahí. Y que vamos a seguir adelante como personas, familias, comunidades, ciudades, como país. Porque así ha sido nuestra historia y así sera también en esta oportunidad.
Hoy termine de ordenar gran parte de la oficina donde trabaja mi padre y encontré una pequeña bandera de plástico en el suelo. Ahora esta arriba por mi y por todos.
Antes de pasar a publicar un relato de un gran tuitero, solo queda pedir que me ayudes a encontrar a Javier Martinez y Felipe Godoy, @hyoga2k y @felgod en Twitter. Más información la puedes encontrar en ChileMoz.
Yérgete Derecho – Por Diego (@actiondatsun)
Este día hubo una tragedia en Chile. Hoy hubo un terremoto tan fuerte que casi nos deja abajo. No fuimos capaces de anticiparlo, porque simplemente nadie puede. No pudimos evitarlo. Pero seguimos adelante.
Y es hoy cuando necesitamos héroes. No me refiero a superhéroes con mallas, porque esos no existen. Necesitamos verdaderos héroes, aquellos que enfrentan el fuego y al terror sin miedo ni armadura. Ellos enfrentan la oscuridad sin la seguridad de poder salir de ella, por que saben que otros los esperan, con fe, en esa oscuridad. Esperan salvación, consuelo. Están esperando ese rayo de esperanza.
Hombres y mujeres comunes, que hacen actos extraordinarios de compasión, valor y sacrificio. Hombres y mujeres, como tu y yo, que se se niegan a rendirse.
Si, no hay palabras por la muerte de inocentes y la muerte de la inocencia. Y el aire comienza a llenarse de preguntas. ¿Por qué? ¿Por qué? Dios mío ¿Por qué? Por más que intento buscar la respuesta, para mi desgracia no la recibo.
Sé que hay gente que ya vivió ésto y no puedo imaginarme lo que es vivirlo dos veces. Simplemente no puedo imaginarlo.
¿Y que podemos decirle a los niños? ¿Que no volverá a ocurrir? No, eso no lo sabemos con seguridad. Entonces ¿les decimos que debemos estar preparados para algo mucho peor? No, ya tienen suficientes pesadillas. Tal vez podamos decirles que lo lamentamos. Lamentamos no tener un mundo como el que hubieran querido tener. Que nuestra angustia por gritar no equivale a nuestra voluntad de ayudar. Que los resentimientos contra algún tipo de autoridad son justificados porque ellos no actuaron a tiempo.
O simplemente podemos decirles que los queremos y que los protegeremos.
La tragedia no se pudo anticipar, eso era imposible y nadie hubiera podido detenerlo. Pero seguiremos adelante. Hoy, mañana y pasado mañana. Porque sin importar nuestra historia, o el origen de nuestros apellidos, somos gente de bien, gente decente. No nos agacharemos ni nos rendiremos. El fuego del espíritu humano no se puede apagar con el movimiento de la Tierra o conteos de cadáveres. No podemos estar intimidados eternamente ni guardar silencio y aguantar nuestras lágrimas.
Hemos soportado cosas peores. Soportaremos cualquier ataque que suceda y vaya a suceder. Porque eso es lo que hacen los hombres y mujeres comunes. Nada más importa. No nos hemos debilitado, nos hemos fortalecido. Ahora estamos todos unidos en la pena de un país.
En días como el de hoy nacen héroes. Los nuevos héroes del siglo XXI. Nosotros, los seres humanos singulares. Somos más nobles de lo que pensamos y más fuertes de lo que creemos. Nosotros somos los elegidos por la historia para comenzar a escribirla.
Hoy el suelo se abrió y murieron inocentes. Es hora de abrir los ojos y mirar hacia adelante; hagamos un pacto de conciencia: que estaremos ahí para ayudarnos los unos a los otros y que no nos rendiremos.
El suelo que pisamos todos los días se abrió y los edificios donde vivimos se vinieron abajo. Que ese eco quede grabado en tu columna vertebral. Que se conviertan en vigas indestructibles, en cemento y acero, para que cuando el mundo te vea, vea a los inocentes que se han ido.
Y no te dejes derribar. Ponte de pie y yérguete derecho. Yérgete derecho y construye un mañana que sea mejor para todos.
#juroqueen2010 blogueare más
Esto lo vengo jurando cada año desde 2007 pero siempre abandono a los pocos meses (o semanas); al punto de ser más consistente en la red social del pajarito azul que en un CMS de blogs. A tal punto que debo haber intentado durante los años pasados más de 6 veces sin resultados que durarán meses.
Pero por intentar no se pierde nada, además de que espero que esta década pueda cumplir con la promesa más larga en tiempo en “por cumplir”